La Selección de España alcanzó la gloria máxima en el MetLife Stadium de Nueva Jersey tras superar a Argentina en el encuentro definitivo de la Copa del Mundo. El combinado dirigido por Luis de la Fuente impuso su identidad futbolística para quedarse con el partido más importante de su historia, consolidando un proceso colectivo que devuelve a la Roja a lo más alto del fútbol internacional ante una multitud que acompañó la definición en los Estados Unidos.
El triunfo en tierras norteamericanas corona una campaña sumamente sólida que demandó una notable disciplina táctica y templanza en los momentos de mayor paridad. Con la obtención de este campeonato, la Selección de España inscribe una nueva estrella en su palmarés y ratifica la vigencia de una estructura de juego que supo sortear llaves de eliminación directa de enorme complejidad en las distintas sedes del torneo.
El camino de la Selección de España hacia la consagración
La trayectoria de España en el Mundial 2026 se caracterizó por una identidad clara: buscar el arco de enfrente y monopolizar la tenencia de la pelota durante largos pasajes de los encuentros. La circulación de balón desgastó a cada uno de sus rivales, pero además le permitió sostener el arco en cero en la mayoría de sus presentaciones. Desde el estreno en la fase de grupos hasta las instancias decisivas de play-offs, la Roja construyó su paso al título mostrando variantes colectivas y una gran madurez para manejar los tiempos de los partidos.
La campaña comenzó en el Grupo H el 15 de junio con un empate sin goles ante Cabo Verde, un resultado que obligó al plantel a ajustar piezas de cara al segundo compromiso. La recuperación llegó de forma contundente el 21 de junio con una goleada 4-0 sobre Arabia Saudita, mientras que el cierre de la primera etapa se dio el 26 de junio con una victoria ajustada por 1-0 frente a Uruguay, asegurando la clasificación a la ronda eliminatoria del Mundial 2026.
Las llaves de eliminación directa que forjaron el título de la Roja
A diferencia de otros certámenes, la Selección de España resolvió cada una de sus llaves de eliminación directa dentro de los noventa minutos reglamentarios, exhibiendo una notable contundencia. El 2 de julio, por la ronda de dieciseisavos de final, España superó con autoridad a Austria por 3-0. En los octavos de final, disputados el 6 de julio, el equipo venció 1-0 a Portugal en un clásico ibérico de alta tensión.
El 10 de julio, por los cuartos de final, los dirigidos por De la Fuente derrotaron 2-1 a Bélgica en un trámite muy físico que exigió la máxima concentración de la última línea. En las semifinales, disputadas el 14 de julio, la Roja dio una muestra de autoridad al vencer 2-0 a Francia, obteniendo de esa manera el pasaje directo a la gran final en Nueva Jersey contra el conjunto argentino.
